sábado, 16 de mayo de 2020

Historia de Terror


Casa

La historia de la cual os quiero contar no es una patraña de fantasía o de ficción. Pero tampoco pertenece a lo que nosotros consideramos como real. Pudo haber sido obra de  tan voluble imaginación que no pudo distinguir entre lo real o lo imaginado. Pero tampoco puedo descartar la posibilidad que los sucesos que van a leer a continuación sean considerados como la más auténtica y extensa experiencia paranormal.

   En algún momento de los últimos años - no recuerdo con exactitud la fecha - sufrí un periodo de depresión que me acarreo a no poder concretar muchos de mis trabajos. Mi profesión me embarcaba en deslizarme noches enteras en montañas de libros. Sin embargo, sentado en mí escritorio y con la pluma entre mis manos no se me maquinaba ni la más mínima imagen. Esta dificultad creativa produjo en mí un intenso estrés que originó a largo plazo un terrible insomnio. Mi esposa, preocupada por mi estado de salud llamo al médico familiar quien me recomendó el trasladarme a un sitio más tranquilo. Es así que en algún momento del invierno se me presento la oportunidad de poder alquilar una hermosa casa ubicada a las afuera de la ciudad.

   Era verano cuando se decidió que era oportuno la mudanza; y el cambio sucedió con relativa normalidad, no hubo ni tristeza ni consternación. La casa se encontraba en las estribaciones de un cerro que colindaba con un hermoso lago, lo que le proveía de una magnifica vista. El día que vinimos a hacernos con la propiedad, llegamos sobre las seis de la tarde; y encontramos la morada muy cómoda y alegre. La casa - de apariencia victoriana -  tenía dos pisos; con espaciosos cuartos y esplendidos corredores alfombrados. Los salones eran grandes y alegres, con techos muy altos, y en ellos colgaban unos candelabros que parecían muy antiguos. En la sala había una enorme chimenea; y en ella ardía un buen fuego. El aire era fresco y los murmullos de las aguas resultaban muy agradables. El ambiente en general de tan esplendido lugar produjo en nosotros un sentimiento de comodidad y anhelo hogareño.
   Fue así que pasaron semanas de extensa tranquilidad desde nuestra llegada. Nuestros quehaceres nos mantenían ocupados y eran suficiente para llenarnos de pensamientos placenteros. La casa poseía un jardín magnifico con algunos árboles frutales e incontables flores como margaritas y rosas. Mi esposa y mi hija extasiadas con tan hermoso oasis se dedicaban días enteros a su cuidado; y yo por mi parte poco a poco había recuperado el sueño, lo que provoco que pudiera volver a dedicarme a escribir.

   Una noche cuando me encontraba en mi despacho, solo con la lámpara, me asusto un grito endemoniado proveniente de mi habitación. Al entrar encontré a mi esposa despojada de todo sentido y presa de un estado de la más intensa agitación. Me acerque a ella y le pregunte -¿Qué había pasado? -  Pero ella, perpleja, solo miraba aturdida una parte de la habitación. Alzando su frágil mano señalo un punto oscuro de la habitación y contesto con voz temblorosa - Alguien estaba observándome - Me senté a su lado y abrazándola intente consolarla sin dejarme apresar por su terror. Sin embargo, ella con una voz entrecortada insistía vehemente que había visto una figura descomunal observándola y se mantuvo firmemente en esa convicción. Posteriormente, la habitación se apaciguo gracias a la luz de la vela.

   Después de esa noche las cosas volvieron a la normalidad y pasaron días de total calma. Mi esposa retomo sus actividades diarias; y no volvió a mencionar lo sucedido de esa noche. Yo por mi parte le atribuí la situación a la incidencia de un mal sueño. Sin embargo, un día sentado en mi escritorio, un ruido de lo más peculiar llamo mi atención. Al asomarme en la puerta pude vislumbrar una figura que deambulaba libremente por el pasillo. Alarmado, proseguí en dar caza a tal imagen, sin embargo, la estampa desapareció frente a la pared que colinda con las habitaciones.

   Dos o tres días después, lo recuerdo muy bien, estaba acompañando a mi hija a su dormitorio. Ella me describió un suceso que le había pasado y que me dejo pasmado y aterrado. Según cuenta mi hija; una noche cuando estaba acostada pudo escuchar un ruido proveniente del pomo de la puerta de su habitación. Al mirar con el rabillo del ojo pudo observar una figura descomunal  que caminando sutilmente se posó frente a ella. La luz era demasiado tenue para poder definir con claridad si dicha presencia era humana; no obstante, según menciona mi hija, la descomunal silueta la contemplo por horas, hasta que dio media vuelta y se marchó. Este suceso me dejo con una sensación de angustia y horror.

  Días más tarde en una noche como cualquier otra. Me dispuse a leer uno de mis tantos libros que reposaban en la estantería de mi despacho. Posteriormente, me asenté cómodamente en mi escritorio, y abrí con sumo cuidado la tapa frontal y me dispuse a leer. Estando tan exhorto dentro tan magnífica historia no me percate que la lluvia había comenzado a caer. Los relámpagos hacían gala de su presencia; y en poco tiempo la lluvia se tornó en tormenta.

   El viento comenzaba aullar con tal violencia que provocaba sonidos irreconocibles, casi semejantes a lamentos. Y si no fuera poco con tan expectante sonidos. La luz producida por los relámpagos formaba en la pared extrañas siluetas. Claro que podía ser culpa de tan volátil imaginación, pero dichas sombras poco a poco tomaban la forma espectral de dos manos que se acercaban a mí de una manera tan amenazante, que si quitaba mi vista por un instante de ellas estas se acercarían con tan sublime velocidad que me agarrarían.

  Tic tac…Tic tac. El sonido del reloj que marcaba las doce de la noche hizo que volviera en mis sentidos. Despertándome de tan largo letargo deje de lado esos pensamientos verosímiles, y me dispuse a dar por terminada la lectura. Deje de lado el libro y habiendo apagado la lámpara de gas decidí ir a la habitación a descansar. Recorriendo el largo pasillo de la segunda planta con solo una vela escuchaba los escabrosos sonidos de los relámpagos, sin embargo no me deje inundar de esa sensación.

   Llegue al cuarto y apagando la vela me acomode en la cama evitando despertar a mi esposa. Sin embargo, este sentimiento de tranquilidad fue sacudido violentamente por una escalofriante un sonido enfermizo de lo más incomprensible. Al abrir mis ojos pude notar una extraña peculiaridad -¡No podía mover ni el más mínimo centímetro de mi cuerpo!- Intente moverme de todas las formas posibles, pero ni el más mínimo musculo se inmuto. Un intenso frío se había apoderado de mi cuerpo. Mi respiración se volvió frenética y mi pulso se aceleró violentamente. Intente gritar con toda mi fuerza pero mi boca no pudo manifestar ni la más mínima palabra. Era como si una fuerza incomprensible tomara posesión de mi ser. Aterrado, miraba con el rabillo del ojo por todas las direcciones pero solo podía encontrar la más intensa oscuridad.

   Crack, una conglomeración de ruidos me aturdió, y me hizo desfallecer. Dejándome en un estado de la más terrible conmoción. El ruido que escuche, ese mismo que me despertó, se movía hacía mí en forma de pasos. Pero en un momento dado dichos pasos cesaron su marcha fúnebre. Mi corazón latía de tal forma que podía oír sus sonidos frenéticos. - ¿alguien estaba allí?- Pensé. Sin embargo, ese silencio que parecía eterno comenzó hacer un meollo en mí cabeza. Casi al borde de la locura, no tuve más opción que rendirme ante tan espeluznante castigo. Poco a poco comencé a aclarar mis ideas, y un pensamiento llegó a mí con tal fuerza que no pude dejarlo escapar - ¡Dios mío! - Es así como se siente el estar atrapado en la más intensa e incomprensible oscuridad – Pensé.

   Pero poco duro este soliloquio, ya que el sonido desalmado retornó. Pero esta vez el pavoroso murmullo provino del lugar más temido, a mí lado y como si fuera un cazador asechando a su presa una enorme presencia se posó frente a mí. Observándome con tal frialdad que mi cuerpo se sacudió con un intenso frío. – Fue esto lo que sintió mi esposa - Pensé. Mis pensamientos se hacían cada vez más tenues. Una presión tomo mi pecho, y mi corazón se agitaba en la medida en que la presencia se acercaba hacía mí. Despojado de toda esencia humana tomo mi cuello con sus gélidas manos, y justo en ese preciso momento un resplandor cegó por completo mi vista. Cerré mis ojos y al mismo ritmo que tan estruendoso sonido cayo, los volví abrir; y todo quedo oscuro y silencioso. Me desperté en medio de la tormenta, y me pregunte a mí mismo: - habrá sido un sueño o todo lo que he vivido fue real. Después de tan fatídica noche, no dude en un instante en contarle a mi esposa de tan aterrador suceso y ella sin vacilación decidió abandonar dicha casa. No demoramos en encontrar otra morada; y como si hubiera sido una pesadilla de una sola noche nunca más volvimos a sentir o experimentar una situación semejante. Pasó un tiempo desde que nos fuimos de la casa, seis meses para ser exacto, oímos un extraño rumor.

   Según se cuenta hace mucho tiempo un aristócrata construyo una casa al lado de un lago para su esposa e hija. Sin embargo, tiempo después descubrieron a los ocupantes asesinados. La policía nunca pudo capturar al perpetrador y el caso quedo en el olvido. Desde entonces, se dice que la casa ha estado poseía por un espectro. Se especula que era tanto el agobio de sus posteriores ocupantes abandonaron la casa dejando atrás sus bienes y lujos. Desde entonces, ha permanecido abandonada.

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