sábado, 21 de agosto de 2021

 

El Diablo Bailarín[1]

Mira, que hoy es pecado! ¡Aparece el diablo! ¡Es una cosa exagerada!

Leyenda abrucesa

 

Una de las leyendas más antiguas que tiene la ciudad de Ibagué sobre el “Diablo” lo podemos encontrar en los años cuarenta en el bailadero de Miramar; pues fue el escenario de un rumor que haría que cualquier persona lo pensara dos veces antes de volver al lugar.

A las afueras de la ciudad -en la entonces llamada Villa de San Bonifacio del valle de la Lanzas[2]- más allá del llano de los Álvarez por la carretera central que conecta con Boquerón, existió un bailadero donde las personas solían reunirse a disfrutar de la vida nocturna, pues era el lugar favorito para la diversión que se prolongaba hasta alta horas de la noche.

Se trataba de un sitio de lo más pintoresco que no solo reunía la discoteca, sino además, una piscina natural donde las personas solían bañarse hasta la madrugada. El lugar era un centro turístico muy popular, hasta que surgió un rumor sobre la aparición de Satanás, un chisme que se cree que fue difundido de boca en boca por un ama de casa cansada de las travesuras e infidelidades de su marido, y que provoco el cierre temporal del bailadero

Con los años el bailadero cerro definitivamente, dando paso al restaurante don Alfonso y el nombre de “Miramar” se perdió en los anales de la historia, debido a la renovación que sufrió la ciudad y el paso del progreso, sin embargo, este hecho se convirtió en una de las leyendas urbanas más populares de la oralidad Ibaguereña.



[1] Recopilación de seis relatos en inglés sobre el diablo danzando titulado “The demos dancer”, publicados en la revista Western Folklore en 1950 por Willian Jones Wallrich.

[2] Nombre como se conocía antiguamente a la ciudad de Ibagué.