Casa
La
historia de la cual os quiero contar no es una patraña de fantasía o de
ficción. Pero tampoco pertenece a lo que nosotros consideramos como real. Pudo
haber sido obra de tan voluble
imaginación que no pudo distinguir entre lo real o lo imaginado. Pero tampoco
puedo descartar la posibilidad que los sucesos que van a leer a continuación
sean considerados como la más auténtica y extensa experiencia paranormal.
En algún momento de los últimos años - no
recuerdo con exactitud la fecha - sufrí un periodo de depresión que me acarreo
a no poder concretar muchos de mis trabajos. Mi profesión me embarcaba en
deslizarme noches enteras en montañas de libros. Sin embargo, sentado en mí escritorio
y con la pluma entre mis manos no se me maquinaba ni la más mínima imagen. Esta
dificultad creativa produjo en mí un intenso estrés que originó a largo plazo
un terrible insomnio. Mi esposa, preocupada por mi estado de salud llamo al
médico familiar quien me recomendó el trasladarme a un sitio más tranquilo. Es
así que en algún momento del invierno se me presento la oportunidad de poder alquilar
una hermosa casa ubicada a las afuera de la ciudad.
Era verano cuando se decidió que era
oportuno la mudanza; y el cambio sucedió con relativa normalidad, no hubo ni
tristeza ni consternación. La casa se encontraba en las estribaciones de un
cerro que colindaba con un hermoso lago, lo que le proveía de una magnifica
vista. El día que vinimos a hacernos con la propiedad, llegamos sobre las seis
de la tarde; y encontramos la morada muy cómoda y alegre. La casa - de
apariencia victoriana - tenía dos pisos;
con espaciosos cuartos y esplendidos corredores alfombrados. Los salones eran
grandes y alegres, con techos muy altos, y en ellos colgaban unos candelabros
que parecían muy antiguos. En la sala había una enorme chimenea; y en ella
ardía un buen fuego. El aire era fresco y los murmullos de las aguas resultaban
muy agradables. El ambiente en general de tan esplendido lugar produjo en
nosotros un sentimiento de comodidad y anhelo hogareño.
Fue así que pasaron semanas de extensa
tranquilidad desde nuestra llegada. Nuestros quehaceres nos mantenían ocupados
y eran suficiente para llenarnos de pensamientos placenteros. La casa poseía un
jardín magnifico con algunos árboles frutales e incontables flores como
margaritas y rosas. Mi esposa y mi hija extasiadas con tan hermoso oasis se
dedicaban días enteros a su cuidado; y yo por mi parte poco a poco había
recuperado el sueño, lo que provoco que pudiera volver a dedicarme a escribir.
Una noche cuando me encontraba en mi despacho,
solo con la lámpara, me asusto un grito endemoniado proveniente de mi habitación.
Al entrar encontré a mi esposa despojada de todo sentido y presa de un estado
de la más intensa agitación. Me acerque a ella y le pregunte -¿Qué había
pasado? - Pero ella, perpleja, solo
miraba aturdida una parte de la habitación. Alzando su frágil mano señalo un
punto oscuro de la habitación y contesto con voz temblorosa - Alguien estaba
observándome - Me senté a su lado y abrazándola intente consolarla sin dejarme
apresar por su terror. Sin embargo, ella con una voz entrecortada insistía
vehemente que había visto una figura descomunal observándola y se mantuvo firmemente
en esa convicción. Posteriormente, la habitación se apaciguo gracias a la luz
de la vela.
Después de esa noche las cosas volvieron a
la normalidad y pasaron días de total calma. Mi esposa retomo sus actividades
diarias; y no volvió a mencionar lo sucedido de esa noche. Yo por mi parte le
atribuí la situación a la incidencia de un mal sueño. Sin embargo, un día
sentado en mi escritorio, un ruido de lo más peculiar llamo mi atención. Al
asomarme en la puerta pude vislumbrar una figura que deambulaba libremente por
el pasillo. Alarmado, proseguí en dar caza a tal imagen, sin embargo, la
estampa desapareció frente a la pared que colinda con las habitaciones.
Dos o tres días después, lo recuerdo muy
bien, estaba acompañando a mi hija a su dormitorio. Ella me describió un suceso
que le había pasado y que me dejo pasmado y aterrado. Según cuenta mi hija; una
noche cuando estaba acostada pudo escuchar un ruido proveniente del pomo de la
puerta de su habitación. Al mirar con el rabillo del ojo pudo observar una
figura descomunal que caminando
sutilmente se posó frente a ella. La luz era demasiado tenue para poder definir
con claridad si dicha presencia era humana; no obstante, según menciona mi
hija, la descomunal silueta la contemplo por horas, hasta que dio media vuelta
y se marchó. Este suceso me dejo con una sensación de angustia y horror.
Días más tarde en una noche como cualquier
otra. Me dispuse a leer uno de mis tantos libros que reposaban en la estantería
de mi despacho. Posteriormente, me asenté cómodamente en mi escritorio, y abrí
con sumo cuidado la tapa frontal y me dispuse a leer. Estando tan exhorto
dentro tan magnífica historia no me percate que la lluvia había comenzado a
caer. Los relámpagos hacían gala de su presencia; y en poco tiempo la lluvia se
tornó en tormenta.
El viento comenzaba aullar con tal violencia
que provocaba sonidos irreconocibles, casi semejantes a lamentos. Y si no fuera
poco con tan expectante sonidos. La luz producida por los relámpagos formaba en
la pared extrañas siluetas. Claro que podía ser culpa de tan volátil
imaginación, pero dichas sombras poco a poco tomaban la forma espectral de dos
manos que se acercaban a mí de una manera tan amenazante, que si quitaba mi
vista por un instante de ellas estas se acercarían con tan sublime velocidad
que me agarrarían.
Tic tac…Tic tac. El sonido del reloj que
marcaba las doce de la noche hizo que volviera en mis sentidos. Despertándome
de tan largo letargo deje de lado esos pensamientos verosímiles, y me dispuse a
dar por terminada la lectura. Deje de lado el libro y habiendo apagado la
lámpara de gas decidí ir a la habitación a descansar. Recorriendo el largo
pasillo de la segunda planta con solo una vela escuchaba los escabrosos sonidos
de los relámpagos, sin embargo no me deje inundar de esa sensación.
Llegue al cuarto y apagando la vela me acomode
en la cama evitando despertar a mi esposa. Sin embargo, este sentimiento de
tranquilidad fue sacudido violentamente por una escalofriante un sonido
enfermizo de lo más incomprensible. Al abrir mis ojos pude notar una extraña
peculiaridad -¡No podía mover ni el más mínimo centímetro de mi cuerpo!-
Intente moverme de todas las formas posibles, pero ni el más mínimo musculo se
inmuto. Un intenso frío se había apoderado de mi cuerpo. Mi respiración se
volvió frenética y mi pulso se aceleró violentamente. Intente gritar con toda
mi fuerza pero mi boca no pudo manifestar ni la más mínima palabra. Era como si
una fuerza incomprensible tomara posesión de mi ser. Aterrado, miraba con el
rabillo del ojo por todas las direcciones pero solo podía encontrar la más
intensa oscuridad.
Crack, una conglomeración de ruidos me
aturdió, y me hizo desfallecer. Dejándome en un estado de la más terrible
conmoción. El ruido que escuche, ese mismo que me despertó, se movía hacía mí
en forma de pasos. Pero en un momento dado dichos pasos cesaron su marcha
fúnebre. Mi corazón latía de tal forma que podía oír sus sonidos frenéticos. - ¿alguien
estaba allí?- Pensé. Sin embargo, ese silencio que parecía eterno comenzó hacer
un meollo en mí cabeza. Casi al borde de la locura, no tuve más opción que
rendirme ante tan espeluznante castigo. Poco a poco comencé a aclarar mis
ideas, y un pensamiento llegó a mí con tal fuerza que no pude dejarlo escapar -
¡Dios mío! - Es así como se siente el estar atrapado en la más intensa e
incomprensible oscuridad – Pensé.
Pero poco duro este soliloquio, ya que el
sonido desalmado retornó. Pero esta vez el pavoroso murmullo provino del lugar
más temido, a mí lado y como si fuera un cazador asechando a su presa una
enorme presencia se posó frente a mí. Observándome con tal frialdad que mi
cuerpo se sacudió con un intenso frío. – Fue esto lo que sintió mi esposa -
Pensé. Mis
pensamientos se hacían cada vez más tenues. Una presión tomo mi pecho, y mi
corazón se agitaba en la medida en que la presencia se acercaba hacía mí.
Despojado de toda esencia humana tomo mi cuello con sus gélidas manos, y justo
en ese preciso momento un resplandor cegó por completo mi vista. Cerré mis ojos
y al mismo ritmo que tan estruendoso sonido cayo, los volví abrir; y todo quedo
oscuro y silencioso. Me desperté en medio de la tormenta, y me pregunte a mí
mismo: - habrá sido un sueño o todo lo que he vivido fue real. Después de tan fatídica noche, no dude en un instante
en contarle a mi esposa de tan aterrador suceso y ella sin vacilación decidió
abandonar dicha casa. No demoramos en encontrar otra morada; y como si hubiera
sido una pesadilla de una sola noche nunca más volvimos a sentir o experimentar
una situación semejante. Pasó un tiempo desde que nos fuimos de la casa, seis
meses para ser exacto, oímos un extraño rumor.
Según se cuenta hace mucho tiempo un
aristócrata construyo una casa al lado de un lago para su esposa e hija. Sin
embargo, tiempo después descubrieron a los ocupantes asesinados. La policía
nunca pudo capturar al perpetrador y el caso quedo en el olvido. Desde
entonces, se dice que la casa ha estado poseía por un espectro. Se especula que era tanto
el agobio de sus posteriores ocupantes abandonaron la casa dejando
atrás sus bienes y lujos. Desde entonces, ha permanecido abandonada.